El nuevo nuevo periodismo
Robert S. Boynton
 

Prefacio    

No había estudiado ni enseñado periodismo cuando me vine a la Universidad de Nueva York (NYU). Lo que tenía, en cambio, para compartir con mis estudiantes era una década de experiencia escribiendo para el New Yorker, el Atlantic Monthly, la New York Times Magazine y otras publicaciones. Pero estuve siempre sumamente consciente de que lo que estaba enseñando eran simplemente mis métodos —no los mejores y (espero) no los peores— pero métodos que, para bien o para mal, eran un reflejo de mí. ¿Por qué debía asumir que funcionarían para cualquier otro? Y si —como creo— los únicos bienes que posee un escritor son su talento y su idiosincrasia ¿era siquiera prudente recomendar mi mezcolanza de prácticas periodísticas a mis estudiantes?

Resolví mi dilema moral explicando, al comienzo de cada semestre, que no es tan importante para un escritor usar un método en particular en lugar de otro (aunque algunos son inherentemente superiores). Lo que es crucial, les decía, es que cada escritor tenga un método de algún tipo: rutinas de las que agarrarse cuando todo sale mal, reglas que seguir cuando estás bloqueado o frustrado. Después de todo, hay un número infinito de maneras de organizar la vida de escritor. Yo tenía la mía y sabía que otros escritores también tenían la suya. ¿Cuáles eran? Este libro es mi respuesta a esa pregunta.

El libro surgió de mis clases, durante las cuales invitaba a un periodista para hablar de su trabajo. Entonces teníamos conversaciones —extensas entrevistas, en realidad— sobre el proceso de escribir: cómo desarrollar un ritmo, de dónde sacar ideas, cómo entrevistar, investigar, escribir, reescribir.

Los resultados eran a menudo fascinantes, tanto para mi clase como para mí (y también para nuestros visitantes, todos los cuales confesaron que ellos tampoco tenían idea de cómo operaban sus colegas). Ren Weschler describió cómo jugaba con bloques de madera, como de niños, para organizar sus pensamientos. Ron Rosenbaum explicó por qué tecleaba y retecleaba cada borrador. Jane Kramer habló de las elaboradas comidas que cocina cuando escribe, con sus ideas cociéndose a fuego lento junto con los ingredientes.

En las conversaciones que siguen, he tratado de recrear la espontaneidad y el entusiasmo de esos encuentros en la sala de clases. Cada uno de ellos es el resultado de muchas horas de entrevistas grabadas que luego transcribí y edité antes de entregarle la transcripción al escritor para que la mejorara. El arco de cada conversación es gruesamente el mismo y sigue un trabajo hipotético desde su concepción hasta su publicación.

El objetivo de este proyecto era encontrar una manera de hablar de la escritura —en contraposición a la “idea” de escribir— que fuera a la vez desmitificador y edificante; hacer que un proceso que a menudo es desconcertante se convirtiera en algo más tangible y, quizás, más manejable. Una bibliografía del trabajo de cada periodista sigue a cada conversación. Para más información sobre su trabajo y una bibliografía completa de los artículos de cada uno de ellos, pueden visitar www.newnewjournalism.com.

   
 
 
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