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Nuevos
pensamientos, nuevos mundos
Patricia May
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Notas
de prensa (2/5)
Patricia May comenzó a escribir poesía
a los 13 años. "Me gusta mucho, aunque he roto la
mayoría. Pero tengo algunas joyitas. Después,
cuando empecé a estudiar Antropología y me metí
con la Filosofía, comencé a escribir reflexiones.
Escribí diarios toda mi vida. El primero que tengo es
de los ocho años. Escribir a mí me brota. Siempre
me gustó pensar, reflexionar. Pero eso no podría
haber sucedido si yo no me hubiera dado momentos de silencio,
de interioridad".
La antropóloga reconoce que esos momentos de reflexión,
siendo tan joven, se deben en gran medida a lo que llama "mi
condición", un trastorno óseo que la gente
confunde con el enanismo, denominado acondroplasia. "Condición"
que heredó de su padre y que comparte con sus dos hermanos.
Su marido, el pintor Sergio Saguez y sus dos hijos adolescentes,
Paloma y Juan Francisco, son de talla normal.
"A los 15 años yo tuve un despertar. En relación
con la poesía, a preguntarme cosas y a no estar tranquila
con las respuestas que se me daban. En ese sentido, tal vez
fui una adolescente un poco jodida. Además que eran los
tiempos del hippismo, entonces había mucha gente que
estaba en eso. Era una cosa como muy intuitiva, como de preguntarse
para qué vivir, no sólo por mi drama personal,
sino también en el sentido de entender la belleza del
vivir colectivo. Hacia dónde estaremos yendo, qué
relación tenemos con el cielo, con las estrellas...".
- ¿Hubo alguna persona especial que te haya ayudado
a abrir los ojos?
"Siempre hay personas significativas en el camino. Creo
que tuve un ambiente familiar que hizo de colchón protector
de muchas cosas: papá, mamá, primos. A mí
me operaron mucho; entonces, en primero medio no pude ir al
colegio porque estaba en cama. Estuve un año dos meses
en cama. Y mis papás contrataron un profesor, y ese profesor
me cambió la vida. Era un hombre extraordinario. Un maestro.
Yo era un plomo y de repente andaba choreada o amanecía
de mal genio y él se paraba detrás de mi cama
a declamarme a Neruda, y me convenció de que yo era un
genio para las matemáticas, cuando siempre había
sido pésima, y de ahí en adelante fui una súper
buena alumna en todos los ramos, tanto científicos como
humanistas".
- ¿Qué hizo para convencerte?
"Simplemente trabajó con mi autoestima, porque todos
los niños son inteligentes. Me convenció de que
yo era genial. Me decía que yo era brillante, que cómo
era posible que resolviera esos problemas de matemáticas.
Lo estoy oyendo: Me gustaría hacerte una prueba de C.I.
porque eres brillante.
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