Prólogo
¿Qué es lo que genera el enorme
interés de las columnas de Eugenia Weinstein en revista
El Sábado? ¿Qué lo mantiene
intacto, después de casi un centenar de columnas publicadas?
¿Qué es lo que nos hace estar esperando con
tantas ganas la publicación de éste, su cuarto
libro? La respuesta está en el maravilloso don de Eugenia
de escribir como si conversara con sus lectores.
A pesar de su sólida formación profesional,
ella no habla desde la teoría. Sus juicios y supuestos
se desprenden de la riquísima experiencia que ha adquirido
a través de años de observarse a sí misma
y de ejercer como psicoterapeuta. Y eso se nota. Por eso,
quienes la leen se sienten identificados y buscan entre sus
letras orientación y respuestas para las diversas inquietudes
que afectan día a día a la pareja.
Y es que la forma en que hombres y mujeres vivimos nuestras
relaciones íntimas se está transformando a una
velocidad vertiginosa. Esto genera desconcierto y angustia.
Oportuna, Eugenia Weinstein ofrece a sus lectores una brújula
para adentrarse en esos terrenos inciertos que, a pesar de
los riesgos, nadie quiere dejar de conocer.
Busca para ello las palabras justas y el título que
transmita la sensación exacta. Como la columna llamada
«Tsunami», donde describe lo que vive quien «piensa
que se separa de una persona y se le rompe el mundo».
Con una claridad asombrosa, ella desmadeja temas complejos.
Y logra que comprendamos mejor los mecanismos, las trampas
y oportunidades presentes en las crisis o vivencias cotidianas.
Debe ser por esta razón que al preparar sus textos
queda extenuada. Porque la simplicidad de su lenguaje es puro
rigor y exigencia de claridad.
Sus materiales son, por ejemplo, familias ensambladas, relaciones
entre ex cónyuges, experiencias de rechazo, duelos
inconclusos, dependencias emocionales o elecciones kamikaze
de pareja. Se aproxima a estos temas con espíritu crítico
y delicadeza, buscando siempre el nudo emocional que les sirve
de motor.
Esta psicóloga —que se ha convertido en todo
un personaje para los lectores de nuestra revista— siempre
tiene a la mano una libreta en la que toma apuntes de sus
lecturas, de sus propias reflexiones y las de sus pacientes.
Así, en su casa de La Reina —y robándole
horas a sus fines de semana— Eugenia va armando de a
poco sus columnas, con la exigencia de quien sabe que será
leída atentamente, ya sea en nuestra
revista o en un nuevo libro como el que ahora usted tiene
en sus manos.
Paula Coddou
Editora revista El Sábado de El Mercurio
Septiembre de 2006
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