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Poderes
fácticos
Carlos Tromben
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Notas
de prensa (1/2)
Las Últimas Noticias, 17 de diciembre 2003
Una novela color de hormiga
“Poderes Fácticos’’, de Carlos Tromben
Nadie ha definido exactamente qué es una "novela
negra", pero el sentido común le exige cierta decadencia
moral en instituciones como la policía o la judicatura,
y que el protagonista -escéptico y adicto a la fatalidad-
acabe casi tan vapuleado como los cadáveres que entibian
las primeras páginas. En este sentido, "Poderes
fácticos" -primera novela de Carlos Tromben (Valparaíso,
1966)- acierta sin duda al presentarnos, en pleno abril de 1973,
al viejo detective Palma, un tipo delicado de salud y próximo
a jubilar que se dirige, rumiando la llovizna, al Cuartel General
de Investigaciones. Allí conoce al joven sociólogo
Cristián Ortega, quien se convertirá en un colaborador
sui generis en la investigación del crimen que
Palma tiene a su cargo.
Los muertos son dos -un hombre y una mujer (o eso parecen)-
y los móviles del doble asesinato, pese al anillo encontrado
en el estómago de uno de los occisos, se perfilan claramente
oscuros. Tromben maneja con buen pulso estas primeras escenas,
pero tan sugerente economía de medios será pronto
amenazada por un afán loable aunque riesgoso: imprimirle
a la narración múltiples resonancias -políticas,
por ejemplo-, ambición merecedora de mayor pericia en
un narrador que, en todo caso, da encomiables muestras de talento.
Al desviar el relato e introducir excesivos o calculados ingredientes
en un cóctel que simplemente debió ser filoso
como un cuchillo y amargo como una revelación, el autor
pierde de vista la identificación del lector con un protagonista
que lo conmueva, llámese éste Palma u Ortega.
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