Notas
de prensa (2/2)
Ya atrapados por la intriga, vemos que los personajes
son demasiados (o dan esa impresión) y que el narrador
se engolosina con una interpretación verosímil
pero trillada de las iniquidades cometidas por sodomitas paranazis
en cierta Villa Munich, suerte de hormiguero perverso enclavado
en el sur chileno. A pesar del evidente vínculo con
nuestra historia, el retrato de época suena intercambiable,
más descriptivo que vivido desde la interioridad de
los protagonistas.
Curiosamente, "Poderes fácticos"
pierde su prometedor matiz de novela "negra", y
con ello gran parte de su interés, cuando el audaz
Ortega cae en las redes de tan espeluznante secta. La narración
adquiere entonces un sabor a thriller místico-político
y asoman esas "gotas de grasa" cuya inexistencia
celebra la contraportada, sin que el tono documental con que
se consigna el destino ulterior de cada personaje (y menos
aun el texto de cierre en cursivas) logre devolverle al relato
su inicial fuerza expresiva.
Con todo, estamos frente a una novela legible y de razonable
suspenso, que además exhibe el mérito intelectual
de no atribuir el origen de la maldad a algún cerebro
de mal corazón, sino a esas fuerzas sin rostro que
deciden el rumbo de los países. Se trata aquí
de "un país que se está hundiendo y no
lo sabe", y es que, en el fondo, nadie sabe realmente
nada. A esa indefensión esencial de los individuos
como tales ("los perdedores, que son casi todos")
apuesta -con asperezas en la factura, pero también
con saludable ironía- la poética de Carlos Tromben.
Vicente Montañés
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