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Para
leer a Proust
Daniel Swinburn
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Introducción
(2/16)
En la literatura francesa, el centro de gravedad
se había desplazado desde los lugares de Anatole France,
Barrés, Bourget, Mme. Noailles y Rostand a los de Gide,
Claudel, Giraudoux, Valéry y Cocteau, todos ellos ligados
a la Nouvelle Revue Francaise. Tras la publicación del
segundo volumen de ''La Búsqueda...'', ''A la Sombra
de las Muchachas en Flor'', ''el aire de París estaba
saturado de la gloria que aguardaba a Proust'', escribe su biógrafo
George Painter. Y ésta llegó en toda su magnitud
con el Premio Goncourt, otorgado a finales de 1919.
A partir de entonces el prestigio de Proust en los lectores
franceses fue inmenso, y en constante expansión. Painter
escribe que la ''persistencia del éxito que comenzó
a gozar su obra se debía a que la noción de genialidad
de su autor iba arraigando más y más en la mente
de los lectores''. Su obra llegó a ser comparada con
la revolución que en la física estaba produciendo
Albert Einstein.
Sin embargo, la aparición sucesiva de los siguientes
tomos de la novela causaron revuelo y no estuvieron libres de
polémica. Proust fue acusado de estar obsesionado con
la homosexualidad, de ser incapaz de amar, de ser celoso y de
estar muerto ya al momento de escribir sus últimas obras.
Mientras tanto, en Chile sólo una pequeña minoría
de chilenos de costumbres cosmopolitas pudieron advertir la
magnitud de los cambios culturales que trajo el fin de la guerra.
Alone, lector de Bourget y France, es uno de los que vislumbran
a través de la lectura de Proust el final de una época
que comenzara, según él, con Rabelais y su Gargantúa
y a cuya clausura llegaba el padre de Swan y M. de Charlus.
A lo largo de su vida Alone vivió distintas etapas en
su entusiasmo por Proust y su deseo de darlo a conocer a los
chilenos pasó por periodos de euforia y otros de prolongado
mutismo.
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