Para leer a Proust
Daniel Swinburn
 
Notas de prensa    (2/9)

Revista de Libros


Alone percibió a primera vista todo lo medular de la grandeza y singularidad de Proust: su hondura psicológica, su técnica narrativa, su odisea de la memoria involuntaria, su sentido bergsoniano de la temporalidad, su vertiente femenina, el período largo - larguísimo- de su prosa, el destello de sus metáforas - su intuición poética- , el rol de la imaginación en su contacto con la realidad, la sutileza de su humor, su ausencia de argumento y, con todo, la secreta unidad de su magna obra...

En estos ensayos se percibe bien que las mejores virtudes del estilo y de la percepción de Alone como crítico son intensamente proustianas, por su carácter cuasi poético, por su agudeza psicológica, por sus matices evanescentes: tal para cual. Añadiré que, hacia 1960-80, cuando llegaron a las letras chilenas los influjos europeos de una crítica más científica y estructural, más objetiva y técnica (para bien y para mal), se puso de moda reprochar a Alone su anticuado impresionismo, su psicologismo y subjetivismo, su falta de instrumentos conceptuales, su soberanía del buen gusto, su falta de rigor intelectual...

Este cuestionamiento provenía a menudo de académicos con mucho aparataje teórico, con escaso olfato literario, con mucha jerigonza y con una calidad de expresión - una prosa- más bien pobre. Hoy, un tanto restablecidos los equilibrios formales, somos capaces de valorar en estos ensayos de Alone toda la riqueza de su apreciación - más intuitiva que deductiva- , de su estilo - más metafórico que analítico- , y de su prosa, a la vez brillante, sobria y aguda.

El elogio que más agradó a Alone fue el de alguien que lo llamó el poeta de la crítica. Pues bien, este raro poeta de estilo metafórico fue capaz de revelar, mejor que muchos técnicos de la armazón literaria, no ya contenidos psicológicos sino incluso estructuras y formalidades de las obras que comentaba.


 
 
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