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Puntadas
con hilo
Felipe Berríos
S.J. |
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Notas
de prensa (2/5)
Siente una necesidad "apostólica y pastoral"
de escribir este manual. "No se trata de un libro de moral
donde yo digo lo que hay que hacer; busco plantear inquietudes
para provocar un cambio, ponerse en el lugar del otro".
- A muchos, sin embargo, le gusta que les digan qué
deben hacer.
- Ése es el problema; hemos infantilizado mucho a la
gente. Creo que la verdadera educación moral es mostrar
los principios enseñando el camino, porque si no, esos
valores pueden aplastar en vez de ayudar. Todavía queda
mucho del compromiso basado en el miedo, en que si no se cumple
se castigará. Pero lo que tiene que hacernos jugados
es la belleza que esos principios poseen. Saber que significarán
más vida, libertad, alegría y profundidad.
- Usted es crítico con los jóvenes, dice que
están muy conscientes de sus derechos y no tanto de sus
deberes.
- Tienen que darse cuenta de que siempre a los derechos le corresponden
deberes, pero tengo la sensación de que el problema está
más en los adultos. Un joven quiere comprometerse; si
es capaz de hacerse un tatuaje que le quedará para toda
la vida es porque está dispuesto a jugársela.
Veo, en cambio, adultos que no se atreven a exigir a los jóvenes.
Hay una adulación hacia ellos que a la larga los arruina,
porque en el fondo los hemos educado para ser consumidores,
no ciudadanos. Estamos con ellos a puros ofertones, y creo que
sucede porque tenemos miedo a que vean nuestros defectos, nos
rechacen y dejen solos, pero por otro lado tenemos una cultura
que idolatra a la juventud como la única etapa que vale
la pena. No queremos no parecer jóvenes.
- ¿Cómo lo están pasando ellos?
- La juventud es macanuda, pero tiene una gran tranca, que nosotros
no vivimos, y es que sienten que si no poseen un cuerpo perfecto,
si no rinden, no los van a querer, y eso es tremendo, muy angustiante.
Los adultos tuvimos muchos miedos, pero nunca dudamos del amor
de las personas que nos rodeaban, pero el joven de hoy no lo
ve así.
- ¿Lo mismo sucede con los niños?
- Lo que más pena me da es que no los dejamos vivir a
su ritmo, sino que los vamos haciendo adultos más luegolos
vestimos y les pedimos bailes de grandes. Tenemos que enseñarles
a gozar las cosas, lo que tienen, y para eso tenemos que partir
nosotros disfrutando, no estar siempre añorando lo que
hemos perdido. Gozar la salud, el leer un libro, tener un trabajo,
una casa cómoda.
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