 |
|
 |
Saber
de ellas. Entre lo público y lo privado
Margarita María
Errázuriz (editora) |
|
 |
 |
Introducción
(1/4)
Pareciera que la palabra mujer encierra misterios, contradicciones
y
llama al debate, y en nuestra sociedad, éste no deja
a nadie indiferente. Todos se involucran y tienen opinión.
Sin embargo, como este libro lo demuestra, no es fácil
hacer juicios tajantes y apresurados. Así se desprende
de su lectura. En sus páginas se recuerdan expresiones
que nos dan una idea sobre las dimensiones que conlleva el ser
mujer. Se habla del acertijo de la femineidad, el genio femenino
y el eterno femenino, la mujer salvaje, la mujer producto de
la costumbre y continente inexpugnable, y así, suman
y siguen.
Al observar todo lo que se dice sobre la mujer y dejarse llevar
por lecturas, conversaciones e información en los medios,
no cabe menos que preguntarse: ¿por qué se habla
tanto de la mujer, se dicen cosas tan diversas y todos se sienten
con derecho a dar cátedra sobre el tema? ¿Por
qué? Surge un nudo de juicios y prejuicios acerca de
quien tiene gran significación en la intimidad y en la
vida social de todos y cada uno, a pesar de que su presencia
ha estado ausente por un largo tiempo de los sucesos públicos
más relevantes. Hay expectativas y curiosidad sobre su
entrada a lo público, junto a un natural ánimo
defensivo y temeroso frente a un ser complejo, porque al parecer
son muchas las consideraciones que hay que hacer y facetas que
hay que atender para referirse a nosotras, las que escapan a
la comprensión en una cultura que tiende a lo lineal
y lo simple. Por lo mismo, porque no es fácil clasificarnos,
es difícil que alguien pueda decir que nos conoce bien.
Pensándolo, a veces nosotras mismas damos pie para esa
dificultad de entendernos, porque nos gusta jugar con facetas
nuestras que sacamos como el mago debajo de la manga según
sea la ocasión, considerando que esa versatilidad es
uno de
nuestros atractivos.
Este libro es un aporte para saber más de ellas o de
nosotras; no se tratade sacar conclusiones, se propone una reflexión.
Lo interesante y desconcertante a un tiempo es que, a pesar
de lo difícil
que es saber a qué atenerse con las mujeres, sociólogos
eminentes
hablan de ellas como el verdadero motor del cambio social. Para
U. Beck, ha sido protagonista de la mayor revolución
del siglo XX, de «los conflictos del siglo». Alain
Touraine, en su último libro que dedicó a las
mujeres, afirma que ellas son las sostenedoras de un nuevo modelo
cultural, que se caracterizaría por el rechazo a todas
las dicotomías, como la oposición entre lo público
y lo privado o entre hombre y mujer, porque somos las que mejor
entendemos el carácter «insoportable» de
las polarizaciones. En su opinión, estamos construyendo
una sociedad para hombres y mujeres donde prima la conjunción.
Pero llegar hasta donde hemos llegado no ha sido tarea fácil
para
nosotras. Las mujeres hemos abierto posibilidades de cambio
social y
cada paso se ha realizado con mucho esfuerzo. Para contar con
espacios
y reconocimiento en la sociedad, hemos debido desenvolvernos
en medio de una cultura e instituciones adversas, y gran parte
de lo que se
ha logrado lo debemos a quienes primero se organizaron y lucharon
por
la causa de todas.
De modo que aunque hoy más que nunca se reconozca que
la humanidad debe incorporar lo femenino, la cultura se resiste
a ceder paso y a reconocer el derecho de las mujeres a tener
autonomía e igualdad en el trato y, con mayor razón,
a generar condiciones favorables para que la sociedad cree los
mecanismos que les permitan ejercer dichos derechos. En la actualidad,
en la medida en que los roles permanecen y que no existen las
debidas facilidades, las mujeres viven una realidad dual, una
suerte de reconciliación entre el rol tradicional y sus
posibilidades y oportunidades de realización. Entonces,
las preguntas que naturalmente sería necesario hacerse
son: ¿cómo se sienten las mujeres frente a esa
situación? y ¿qué estamos pensando cuando
nos proyectamos a futuro?
|
|
|
|