Sobrevivir a un fusilamiento. Ocho historias reales
Cherie Zalaquett
 
Introducción    (1/4)

En la víspera del aniversario de los treinta años del golpe militar, en nuestra reunión de pauta de revista El Sábado, buscábamos un tema de reportaje testimonial que tuviera un grado de profundidad concordante con la perspectiva histórica del acontecimiento examinado tres décadas después.

La periodista Paula Coddou, quien acababa de incorporarse a nuestro equipo, recordó que escuchó el caso de un fusilado que logró sobrevivir a la ejecución. El tema me pareció potente y dotado de la profundidad que andaba buscando, porque me permitía explorar una zona perturbadora, de la que no existía mayor registro ni estaba suficientemente documentada.

Investigué algunas semanas en la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad y en Agrupaciones de Derechos Humanos hasta que logré determinar preliminarmente que había al menos siete casos de sobrevivientes a fusilamientos que estaban acreditados, porque las víctimas habían presentado querellas en los tribunales de justicia. Hasta allí la tarea parecía bien encaminada.

Sin embargo, luego de una intensa búsqueda para dar con el paradero de algunos de estos testigos, modestos campesinos, residentes fuera de Santiago, quedó en evidencia el obstáculo más grande que debió sortear este libro:muchos de ellos no querían entregar su testimonio.
Fundamentaban su negativa con la pregunta reiterada:“¿Qué gano yo con revivir otra vez eso que me pone tan mal?”. En estos treinta años estos testigos se cansaron de relatar una y otra vez su terrible experiencia ante funcionarios judiciales y organizaciones de derechos humanos, sin haber conseguido jamás ni una reparación acorde con el daño recibido ni mucho menos que los culpables de su ejecución fuesen
castigados.

Esa terrible decepción con el Estado y la sociedad chilena los hizo resistir con un obstinado silencio a mis intentos de entrevistarlos. Sólo Enrique Patricio Venegas, un hombre analfabeto de Curacaví, accedió a atestiguar para mi reportaje. Su relato en primera persona fue publicado en nuestra edición de revista El Sábado el 11 de julio de 2003, causando gran impacto en nuestros lectores y suscitando el interés de la prensa extranjera.

 
 
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