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Sobrevivir
a un fusilamiento. Ocho historias reales
Cherie Zalaquett |
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Introducción
(2/4)
Yo estaba en ese momento en una gran deuda
conmigo misma. Tenía mi biblioteca abarrotada de textos
inéditos: cuentos, proyectos de novela, composiciones,
fragmentos acumulados durante una vida; repensados y reescritos.
Pero el libro, mi libro, no cobraba forma. Y yo exploraba y
ensayaba formas de escritura sin hallar un registro de lenguaje
que me diera confianza ni el impulso necesario para sacarme
de la“ineditez”, como diría Bryce Echenique.
El libro, entonces, era una pregunta crucial en mi vida que
permanecía interrogándome.
No fui yo quien encontró la respuesta. El libro me encontró
repentinamente a mí al descubrir que ese puñado
de querellas judiciales, que tenía en mi poder como material
desechado por los fines puramente periodísticos, eran
historias potentes, desconocidas, que merecían ser registradas,
grabadas, transcritas, subjetivadas, organizadas a través
del lenguaje, procesadas en letras de molde y convertidas en
memoria viva.
Los personajes eran chilenos humildes, pobres, sin mayor educación,
que fueron condenados irremediablemente a morir por la decisión
arbitraria de agentes menores del Estado: sargentos, cabos de
Carabineros, que actuaron seducidos por la soberbia del poder
transitorio, pero omnipotente que les daba el Estado de Sitio.
Esos seres comunes que lograron sobrevivir a una inexorable
sentencia de muerte tenían, sin embargo, la estatura
del héroe que doblega su destino.
Por ese episodio trágico sus existencias se convierten
en una epopeya
popular, en un mito y en una leyenda viviente en las comunidades
rurales donde residen. Pero, al mismo tiempo, sus vidas presentes
son la antítesis de la caricatura del héroe mítico
de la narrativa de ficción o del cine que glorifica al
héroe joven, bello, de cuerpo perfecto, inteligente,
hábil, diestro, sabio, seguro de sí mismo, superior
a cualquier revés de la vida y vencedor indiscutido de
las fuerzas del mal. Al contrario, se trata de personas de edad,
prematuramente envejecidas, con las dolorosas huellas de sus
heridas físicas y una tremenda fisura psicológica
en el alma.
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