 |
|
 |
Sobrevivir
a un fusilamiento. Ocho historias reales
Cherie Zalaquett |
|
 |
 |
Prólogo
(2/10)
Este testigo entonces se desliza entre un
adentro y un afuera, en un terreno móvil que lo conecta
tanto con la vida como con la muerte. Es un entre la vida y
la muerte. Y este tránsito por una zona ambigua, imposible
de clasificar, dificulta que pueda ser registrado bajo el concepto
único y estable de sobreviviente.
No es posible entenderlo así puesto que su supervivencia
ha pasado por su asesinato, un asesinato material, una ejecución
activa consignada por la historia, una forma explícita
y reconocible de exterminar, alejada de todo simulacro; quiero
decir, no se trata, en cada uno de estos testigos, de una ejecución
simulada, de la frecuente tortura atroz ejercida y producida
mediante la parodia de un simulacro de muerte, de una práctica
o de una táctica frecuente de la que ya largamente se
ha testimoniado. Porque las situaciones que este libro introduce
hablan de un desencadenamiento ineludible: fueron fusilados
por representantes del Estado y, puesto que llegaron hasta ese
espacio, se debe entender que los asesinaron y que permanecieron
vivos. Simultáneamente.
Por otra parte, cada uno de estos testigos radicales, los más
extremos en la historia del testimonio chileno, son el efecto
de una política o, como lo ha señalado Michel
Foucault, de una biopolítica, de un momento social en
el que su condición humana fue puesta en entredicho y
resultaron consignados como meras especies vivas (biología
pura, sólo eso) a las que había que eliminar.
Y cuyo fin -concretamente operado por las balas institucionales
que los destruyeron- no implicaba sanción jurídica
para los tiradores asalariados por el Estado chileno, precisamente
porque para ese Estado habían perdido la categoría
de humanos.
Cherie Zalaquett trae hasta el escenario público, después
de más de treinta años, los relatos de chilenos
que deben ser comprendidos como fusilados. Su libro, crucial
entonces, dispone sobre el tapete colectivo, con una certeza
que ya nunca se podrá discutir, al menos dos instancias
del terrorismo de Estado: que hubo fusilamientos (operados en
estas particulares y, a la vez, devastadoras condiciones) y
que hubo fusilados.
|
|
|
|