La travesía del Totorore
Gerry Clark
 

Introducción


Amo el mar, amo las aves, amo la aventura. ¿Hay alguna otra manera de concederme un placer, en estos postreros años de mi vida, que emprendiendo una expedición en el grandioso mar Austral?
El gran mar Austral se extiende de forma continua rodeando la Antártica.
Debido al derretimiento de los hielos, gran parte de las aguas en las regiones australes son menos salobres que en cualquier otro lugar, como también más frías. Las diferencias en la salinidad, en la temperatura y en la turbulencia superficial, causadas por los fuertes vientos del oeste sobre casi todo el océano, ocasionan un movimiento considerable en el agua en forma de corrientes superficiales, corrientes de capas profundas, afloramientos (upwellings) en la superficie de aguas profundas y frías, afloramientos verticales y hundimientos. Esta agua es extraordinariamente rica en sales minerales y nutrientes acarreados hacia la superficie por estos afloramientos desde el lecho marino y de los cuales se alimentan unos diminutos organismos vegetales llamados fitoplancton, que los transforman, para fines de su propio desarrollo, mediante un proceso de fotosíntesis, utilizando energía del sol. El fitoplancton a su vez sirve de alimento al zooplancton, el plancton animal de un tamaño mayor, que incluye varias formas de crustáceos, entre los que se encuentra el prolífico y bien conocido krill. Otras formas animales mayores, tales como peces, aves y mamíferos, se alimentan del zooplancton y muchos de ellos son alimento de unos y otros. La base de toda esta vida en el océano, comenzando por las diatomeas unicelulares del fitoplancton, la conforman las sales minerales y nutrientes y éstos se originan en la descomposición de los cadáveres y de las excretas de todas las formas de vida que he mencionado, completándose así el ciclo.

Las aves juegan un importante papel para mantener este ciclo activo. Como resultado de las corrientes superficiales y de movimientos submarinos, existe un gran intercambio de agua entre los océanos del mundo, de manera que se puede observar que la salud de la abundante vida en el mar Austral puede afectar la vida marina de
todas partes, lo cual a su vez nos afecta a nosotros. La ecología de la Antártica y la Subantártica se sostiene sobre un delicado equilibrio que requiere ser protegido de nuestras poco sabias acciones, las cuales podrían destruirlo fácilmente.

Mi esposa Marjorie ha creído durante largo tiempo en la necesidad del equilibrio en todas las cosas y me lo ha demostrado en forma muy evidente en nuestro huerto de cítricos y frutas subtropicales en el norte de Nueva Zelandia. Cuando iniciamos nuestro huerto, en 1958, seguí todas las instrucciones del Departamento de Agricultura. Esparcí fertilizantes químicos por todo el terreno, y rocié químicos venenosos
sobre nuestros árboles, tratando de controlar las enfermedades producidas por hongos y pestes. Al hacer esto, eliminé los organismos saludables del suelo y los insectos beneficiosos para los árboles. Tan pronto eliminaba una peste, otra la reemplazaba. Vuelta
a fumigar. Era un tema de nunca acabar. «¿Dónde están los gusanos?», preguntó Marjorie. «¿Y dónde están las mariquitas2, las mantis religiosas (palotes), las avispas?». Comencé a escucharla. Ella tenía razón. Yo había destruido el equilibrio de la naturaleza
en nuestro huerto. Con su ayuda, nos pusimos manos a la obra para corregirlo. No fue fácil reparar el daño que habíamos causado, y tomó un largo tiempo. Produciendo toneladas de compost (abono natural) y utilizando guano animal ahora tenemos un terreno vivo y nuestros amigos insectos y pájaros controlan las pestes por nosotros, aliviándonos del trabajo, del gasto y del peligro de las fumigaciones.

El mar Austral es el océano menos afectado hasta ahora por nuestras acciones, aunque hoy en día abunda la evidencia que indica que el equilibrio de la naturaleza, incluso allí, ha sido perturbado. La masacre masiva de focas, de pingüinos y ballenas ha tenido efectos dramáticos, cuyo resultado final aún está por evaluarse. Las especies
de focas y pingüinos que fueron perseguidas se están recuperando a una tasa increíble, y esto podría relacionarse con la masacre de las ballenas que se alimentan de krill. Las aves marinas también se encuentran muy afectadas. El número de albatros errante, la
más majestuosa de todas las aves, ha declinado significativamente. Esto podría deberse, en parte, posiblemente, a la sobreexplotación del calamar en las regiones donde se alimenta de preferencia el albatros, tales como el sur de Australia. Ha habido un aumento fenomenal en el tamaño y en el número de las naves pesqueras que actualmente
cosechan las riquezas del mar Austral, como consecuencia de la escasez en las diezmadas reservas de peces en casi todo el resto del mundo.

Pero uno de los mayores peligros para las aves marinas es la pérdida de su hábitat reproductivo. Su territorio de alimentación sobre el mar Austral es vasto y la mayoría de las aves regresan a las costas
sólo para procrear. La mayor parte del continente antártico está cubierto de hielo y muy pocas especies se han adaptado a estas condiciones para su reproducción. Con excepción de las islas alejadas de la costa (offshore islands), mayormente en la región subantártica, donde las aves se han reproducido durante miles de años. El área total de
estas islas es muy pequeña y actualmente la zona disponible para el uso de las aves, especialmente los pequeños petreles, ha sido reducida a menos de la mitad, debido a las actividades humanas. El mayor problema lo constituyen depredadores introducidos, como ratas y gatos, pero en algunos casos la destrucción de la vegetación natural
ha tenido un efecto similar. En viajes previos, a bordo de una embarcación pequeña, con destino a nuestras propias islas exteriores en Nueva Zelandia, tanto en la zona subtropical como en la subantártica, he constatado por mí mismo cómo las aves han sido forzadas a abandonar sus lugares habituales de reproducción, debiendo sobrepoblar densamente otros islotes más pequeños.

Discutir todas estas cosas con mi familia y con amigos de pensamiento similar era como intentar arreglar el mundo. Era tan fácil ver las fallas y señalarlas, pero no era tan fácil encontrar una solución y, aún más difícil, pensar en algo al alcance de uno para subsanar la situación. Conversé con ornitólogos en Nueva Zelandia y escribí a eminentes ornitólogos alrededor del mundo, incluyendo al Consejo Internacional para la Preservación de las Aves. El consenso general era que, en lo relativo al mar Austral, lo prioritario era evaluar la situación tal como se encontraba en la actualidad. Si iba a ser posible controlar la explotación en el área, la situación requeriría ser monitorizada y la operación de cualquier esquema para llevarlo a cabo dependería de la información
recabada. Aún quedaba y queda mucho por conocer acerca de la distribución y hábitos de las vastas poblaciones de aves marinas en el mar Austral. De manera que había algo en lo que podíamos ayudar: adentrarse en el mar Austral y observar las aves, obteniendo
así información actualizada acerca de ellas, a fin de llenar algunos vacíos en el conocimiento actual. Cualquier dato nuevo sería una valiosa contribución.
Las semillas de la expedición del Totorore se encontraban sembradas.

2 N. del T.: mariquita, en Chile chinita, vaquita de San Antonio en otros países hispanoparlantes.

 
 
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