Prólogo (2/2)
El viaje de Gerry Clark en su yate –construido por él mismo– desde Nueva Zelandia hasta Chile, incluyendo los dos años que pasó en aguas chilenas estudiando las poblaciones de aves marinas del sur, es una historia real muy cautivadora. Mientras su expedición en el Totorore se desarrollaba en paisajes marítimos tremendamente desafiantes, había siempre una búsqueda por conocer el paradero de algunas de las
especies de aves más escasas y difíciles de observar del planeta.
La travesía del Totorore nos muestra el coraje y el compañerismo humanos, como asimismo la ingenuidad y la fragilidad del hombre. Más profundamente, esta obra manifiesta el sentido de asombro de Gerry Clark y sus compañeros marinos y científicos frente a la hermosura y el drama de las remotas regiones que recorrieron.
Este relato es igualmente, a su manera, un destacado ejemplo de la creciente conexión entre Nueva Zelandia y Chile, dos largos y angostos países al sur del mundo.
A pesar de estar separados por miles de kilómetros por el océano Pacífico, los neozelandeses compartimos con los chilenos un espíritu aventurero y un amor por nuestras tierras aisladas y muchas veces hostiles.
Hace más de veinte años que Gerry Clark regresó a casa luego de sus hazañas en Chile, y cerca de diez desde que él y un marino que lo acompañaba murieron en la isla Antípodas realizando otro estudio sobre aves. Estoy segura de que Gerry estaría feliz de saber que su experiencia ha sido difundida por primera vez en Chile, para que sus habitantes también puedan leer y conocer lo que él vivió, y quizás se inspiren en la admiración que sentía por la belleza de este país, así como en su ilimitado entusiasmo por aprender más acerca de sus maravillas naturales.
Rt Hon Helen Clark MP
Primera Ministra de Nueva Zelandia
|