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Treinta
y uno
Claudia Aldana |
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Introducción
(1/2)
Consuelo Aldunate es mi hermana mayor, pero
en versión aspiracional. Porque cumple mi eterna fantasía
de hija del medio entre dos hombres: una igual con quien conversar.
Me encantaría decir que es mi alter ego, pero no es así.
Tiene más años que yo, trabaja mucho menos que
yo, sale más que yo, es más floja y más
sufrida en amor. Está claro que tenemos asuntos pendientes
entre las dos, como toda pareja de hermanas. Peleamos a muerte
y nos reconciliamos casi a diario. Aunque claro, ella sabe que
tengo su vida en mis manos: podría apretar delete un
día y ahí quedaría ella, con todos sus
rollos y demases, sin nadie que la deje hablar.
O tal vez no. Aunque suene muy esquizofrénico, la Consuelo
ya no me necesita mucho. Tiene una vida propia. O al menos,
esa es la idea que me da cuando me llegan emails de lectores
de la columna que quieren conversar con ella, salir con ella
o que simplemente, la retan por andar ventilando la vida de
las treinteañeras. Cuento esto, porque hace casi un año
estaba sentada en el Toro con mis dos mejores amigos, Víctor
Tabilo y Federico Zurita, y mientras ellos intentaban terapiarme
por este problema de vivir con dos identidades, Fede tuvo una
idea horrible.
- ¿Y qué haces si un día te tocan la puerta
del departamento y te encuentras con una mina igual al dibujo,
y te dice “yo soy Consuelo Aldunate"?
Agg. Mi peor pesadilla, desde entonces. Encontrarme con ella
frente a frente, y explicarle por qué hago que lo pase
tan bien y tan mal. O escucharla. Y que sea tal cual como yo
me la imagino desde el día en que pensé en escribir
una columna para solteras, sin tener idea que iba a ser un éxito.
El nombre nació porque quería preservar mis dos
iniciales, tal como Candance Bushnell –ídola- y
su personaje del libro Sex & the city, que había
llegado a mis manos el año 2001. Así, sólo
me faltaban los nombres. Consuelo cayó casi por su propio
peso. Desde muy chica tuve la teoría que uno debería
llamarse según el santoral del día, y como ese
es el santo de mi cumpleaños, siempre pensé que
ese debería haber sido mi nombre. Menos común,
más sufrido, más lindo.
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