Notas
de prensa (1/3)
Revista Ya
Libro Treinta y Uno:
Mi vida como Consuelo Aldunate
Texto Claudia Aldana (Consuelo Aldunate)
Si mi vida fuera una teleserie venezolana - a ratos está
bastante cerca de serlo-, Consuelo Aldunate sería mi
melliza perversa, la culpable de todas las desgracias y zancadillas
amorosas de una melliza buena y esforzada. Porque mientras
ella se va de bares, se enamora y se desilusiona, se compra
ropa y pasa eternas horas en una peluquería, yo corro
de un lado a otro inventándole los buenos ratos, saliendo
de bares la mitad que ella y con la cabeza ardiendo cuando
escucho que la pelan o que la aman.
Así es mi esquizofrénica convivencia con la
Consuelo, mi hermana ficticia. Porque como única mujer
entre dos hombres, toda la vida soñé con tener
una hermana con quien pelar, confabular y conversar de igual
a igual. Nunca pensé que esa voz con la que llevo tantos
años conviviendo se iba a hacer cargo de mi vida. Nunca
pensé que darle voz a mi hermana ficticia iba a ser
mi trabajo. Uno extraño, inclasificable y más
encima con categoría top secret durante más
de un año. Una infiltrada entre las solteras, contando
desde el frente de batalla sobre las bajas, las heridas, los
maltratos sufridos y las pequeñas victorias de cada
día. Una corresponsal de guerra amorosa. Suena cool,
pero se corren los mismos riesgos que en cualquier guerra.
Las cicatrices ajenas espantan y a ratos me creo la muerte
por ser una veterana sobreviviente.
Hoy me tomo la palabra para presentar mi segundo libro, con
El Mercurio-Aguilar. Están todas las columnas publicadas,
en sus versiones extra large, antes de que se editaran para
que cupieran en el espacio asignado. También incluí
algunos reportajes escritos desde el frente de batalla, contando
el fenómeno singleton desde adentro. Aquí, les
haré un breve resumen de cómo mi alter ego,
Consuelo Aldunate, se apoderó de mi vida.
MI HISTORIA
8 a.m. del 25 de junio de 2002. Estoy sentada en el pavimento,
en la vereda del quiosco cerca de mi casa. Igual que el día
que recibí el puntaje de la ultraobsoleta PAA, no me
atrevo ni a abrir la revista. ¿En qué minuto
se me ocurrió dármelas de literata? ¿Y
si nadie la pesca? ¿Y si me odian? Horror. Menos mal
que nadie sabe que yo la escribo... aparte de mi mamá.
Y mis dos mejores amigos. Y mis hermanos. Puaj. Voy a ser
la eterna broma en la mesa... Bueno, por lo menos lo intenté.
Me armo de valentía y abro la Ya y paf. Después
de todo, es sólo una columna. El mundo no se detiene
por 3 mil caracteres, me consuelo sola. Y empiezo a pensar
en qué voy a escribir para la otra semana, sin tener
idea que esa pregunta me iba a perseguir por dos años
y más.
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