Treinta y uno
Claudia Aldana
 
Prólogo   (1/2)

Llegó con una carpeta de plástico. Yo la recuerdo rosada, ella
dice que era verde. Adentro tenía varias columnas impresas. “Son
de una soltera”, dijo, tímida, tomando un café en mi oficina. Ella
dice que fue el café más productivo de su vida. Para mí, fue mucho
más que eso, fue la oportunidad que todo editor busca. Aquella en
que uno descubre un nuevo talento. Que ve lo que otros no han
visto, y que junto a eso, tiene la visión de a dónde puede llegar,
bien potenciada, bien guiada, bien editada en definitiva.

En ese momento, en ese café, ella era una periodista de la Zona
de Contacto
, famosa por su muy comentado y polémico reportaje
de las bambalinas de Disney World, y de otras piezas similares,
bien escritas, agudas, entre irónicas e ingenuas, y definitivamente
originales. Era la Claudia Aldana en versión debutante, que ahora
quería su oportunidad para pasar a primera división, haciendo
periodismo para un público mayor y más amplio que el de la
Zona. Allí, en esa carpeta plástica, ella traía su puente hacia esa
meta. Un puente que, sin que ni ella ni yo lo supiéramos, se transformaría en un fenómeno, independiente de ella misma.

Cuando leí sus columnas, no sólo me reí mucho, sino que pensé
que había ahí algo valioso: más allá de lo divertido, era una especie
de retrato femenino actual, y exagerado, y no sólo de las solteras.
Muy pocos días después la llamé para decirle que la publicaríamos
en la Revista Ya. Decidió ponerse un seudónimo que
tuviera las dos iniciales suyas, al más estilo de Carrie Bradshaw,
el alter ego de Candace Bushnell, la ídola y referente de Claudia,
célebre por su mega éxito Sex and the City.

La verdad, siempre pensé que funcionaría. Pero nunca tanto. Y
tan rápido. A las pocas semanas, los e-mails llovían en la revista.
Y las preguntas acerca de quién era, también. Por todos lados preguntaban por ella. Hasta que la entrevistaron, por primera vez, en
una radio, como Consuelo. Había nacido un ícono. Y aunque
suene frívolo, ella encarnó el espíritu de las singletons chilenas, de
las solteras sin compromisos que no son solteronas. Todo un
mundo nuevo, un reflejo del nuevo Chile que hasta ahora no había
tenido un personaje chileno. El éxito ha sido impresionante.


 
 
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